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El control de plagas urbanas, un área clave para la intervención de los ingenieros agrónomos

La creciente demanda social exige equipos interdisciplinarios en los cuáles los profesionales cumplen un rol irremplazable.

Como pocas veces antes, la pandemia de coronavirus puso el foco sobre la relación entre los humanos y otros animales que pueden ser portadores de enfermedades transmisibles. Esta convivencia se vuelve particularmente delicada en ciudades o zonas muy pobladas, donde el control de plagas urbanas pasó a ser un área prioritaria donde interactúan equipos de Salud junto a otros profesionales como veterinarios, ingenieros químicos y también ingenieros agrónomos.

Carlos Tasinato, egresado de Ciencias Agrarias de la UNR, está a cargo de la dirección de Control de Vectores de la municipalidad de Rosario, una repartición cuyo objetivo es mejorar el bienestar de los residentes urbanos a través de la reducción de enfermedades transmisibles y el mantenimiento de ambientes sanos. El profesional destacó que la tarea principal en esa dependencia es monitorear los vectores de enfermedades: “el dengue es una enfermedad zoonótica reemergente muy importante, pero también se registran casos de leptospirosis por roedores y siempre está la posibilidad de ingresos de algún insecto que sea vector o se transforme en plaga”. 

Carlos Tasinato, egresado de Ciencias Agrarias de la UNR

Para Tasinato el principal desafío de su función es “estar preparados a nuevos ingresos de plagas” que pueden aparecer por modificaciones en sus hábitat, ya que la zona periurbana está cada vez más extendida y eso lleva “a presencia de fauna diversa que mezcla lo urbano y lo rural”. “Lo importante es tener una mirada distinta que permita salir de una conducta reactiva a una proactiva”, sintetizó el profesional.

¿Qué aportes hacen los ingenieros agrónomos en el control de las plagas urbanas?

Yo me he encontrado con muchos colegas en el rubro del control de las plagas urbanas, más allá que es distinto profesionalmente a lo que vemos durante la carrera. Tenemos muchas competencias como ingenieros agrónomos en este medio, el control de plagas urbanas es algo que está tomando mucho desarrollo con una demanda creciente y cada vez queda más claro la importancia de la participación de profesionales de la ingeniería agronómica en su planificación e implementación. Hay colegas especializados en arbolado público porque hay necesidades profesionales específicas que son necesarias para una mejor gestión. Esa mirada diferente, ese enfoque preciso y ese nivel de estudios que tiene el profesional, que son útiles a la hora de hablar de arbolado, son igual de útiles en lo relativo a las plagas urbanas.

Ya quedó atrás la mirada que sostenía que sólo era una cuestión médica…

Claramente, hoy estas problemáticas se enfocan desde lo multidimensional y un ejemplo actual de esto es el dengue, muy presente en la agenda de discusión pública por su importancia sanitaria. Es clave ahí tener una mirada integral para abordar mejor el tema desde un punto de vista médico, ya que para hacer un mejor control del mosquito tiene que haber alguien a cargo de la parte técnica y de control que sepa sobre manejo de insecticidas, y quien más idóneo para eso que un ingeniero agrónomo que ha estudiado y se ha formado en esas competencias. No es lo mismo una plaga urbana que una en un cultivo de soja, eso está claro, pero el control de plagas urbanas es un campo de acción en el que los ingenieros agrónomos debemos volcarnos de lleno, no tengo dudas.

Dentro de esa mirada interdisciplinaria, no puede faltar el expertise del ingeniero agrónomo

Es así, hay muchas profesiones que interactúan a la hora de hablar de plagas urbanas como biólogos, ingenieros químicos, veterinarios y otras especializaciones. La idea general es que todo confluya para poder así aumentar la participación profesional, que todavía hace mucha falta para mejorar nuestras respuestas a desafíos que también se van renovando. Pienso en las enfermedades zoonóticas y en la reemergencia de algunas particularmente importante para nuestra región como el dengue, en algunos lugares la fiebre amarilla, la malaria. Hay muchas enfermedades asociadas a plagas y el ingeniero agrónomo tiene esa mirada especial y distinta a la de otras profesiones.

¿Qué lugar tiene en la formación académica el abordaje de las plagas urbanas?

En relación a esto pienso que sería bueno que en la facultad de Ciencias Agrarias de la UNR se tomara en cuenta el hecho de empezar a dar una materia específica en relación a plagas urbanas, porque todavía no la hay. Es una realidad que se va a terminar imponiendo en la agenda de discusión, nuestra profesión es muy amplia y diversificada y todavía tenemos por delante mucho campo de acción que debe entrar en el radar. Al día de hoy me animo a decir que el 80 por ciento de los profesionales que salen de la facultad de Zavalla se dedican a soja u otros cultivos extensivos y al manejo de agroquímicos pensados para esos cultivos. Pero en realidad nuestra profesión es mucho más amplia y abarcativa, estamos en un tiempo donde lo ambiental es cada vez más importante y los ingenieros agrónomos tenemos muchas herramientas para hacer lecturas de la realidad bajo ese enfoque.

¿Cuál fue su recorrido profesional?

Como casi todos mis colegas tuve mi experiencia y parte de mi desarrollo profesional en relación a los cultivos extensivos, momento durante el cual trabajé con manejo de agroquímicos. De a poco me fui involucrando en la gestión y aplicación de diversos productos como insecticidas, herbicidas y fungicidas. La realidad es que es una rama de las Ciencias Agrarias que siempre me gustó mucho y por suerte tuve la oportunidad de trabajar en lugares donde estuve en mucho contacto con estos productos, algo que siempre me fascinó. Cuando ingresé a trabajar a la municipalidad de Rosario en el sector de Parques y Paseos me especialicé en arbolado público y aprendí mucho, si bien veía muy poco el tema químico nunca lo dejé de lado. En ese tiempo asumió la dirección de control de vectores un funcionario que llegaba más desde el gerenciamiento y que precisaba apoyo técnico. Iba a Arbolado a sacarse dudas y yo levantaba siempre la mano para explicarle, así me fui interiorizando cada vez más en todo lo que es plagas urbanas.

Fue un proceso paulatino…

Exacto, en ese momento había una cámara que nucleaba las empresas rosarinas de saneamiento ambiental particulares y comencé a asistir a las reuniones así como a las capacitaciones que se hacían para las empresas. El tema me empezó a gustar cada vez más, a medida que estudiaba realmente me fascinaba, hasta que en un momento me llamaron desde Vectores para encabezar el departamento técnico que se estaba formando y ya en ese rol empecé a recorrer la ciudad, a ver los distintos tipos de plagas urbanas, a interesarme más profundamente en la temática hasta que pude ser director, donde estoy ahora.

Un lugar profesional con muchos desafíos, seguramente

Aún como director, en un puesto que exige mucho de gestión, nunca se deja de lado la parte técnica. Creo que ser profesional implica eso, no significa sólo estar vestido de saco y corbata sino hacerse responsable por el trabajo y poner la firma. Trabajar con el tema de vectores y plagas urbanas me llevó a articular con otras áreas como salud. Antes, ante un brote de dengue o leptospirosis, por ejemplo, era Salud la que digitaba qué hacer y dónde ir. Hoy en día, al tener un departamento técnico en nuestra repartición con un ingeniero agrónomo al frente, se puede interactuar de otra manera y avanzar con formas de trabajo consensuadas y en conjunto. Ya no somos sólo acompañantes, como pasaba antes, sino coautores de las tareas de prevención y control.

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