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Jerarquizar la profesión, la misión principal de la Federación Argentina de la Ingeniería Agronómica

Desde la Fadia buscan profesionalizar el trabajo de los ingenieros agrónomos y difundir sus áreas de incumbencia ante la sociedad.

Jerarquizar la profesión, adaptarla a las nuevas exigencias sociales, capacitar y dotar a los ingenieros agrónomos de nuevas herramientas de conocimiento y de gestión y realzar la figura del profesional en campos como la aplicación de fitosanitarios, la conservación del suelo o la seguridad alimentaria son algunos de los ejes de trabajo de la Federación Argentina de la Ingeniería Agrónomica (Fadia). Desde el año pasado la entidad está presidida por Octavio Pérez Pardo, a cargo de orientar la acción de una federación que agrupa a 18 asociaciones, consejos y colegios provinciales de ingenieros agrónomos de 16 provincias argentinas con un total aproximado de 25 mil matriculados bajo su órbita.

¿Cuál es la estructura de la Federación?

La federación comenzó a pensarse en 1994 en Santa Rosa, La Pampa, y fue formalmente creada en 1995 en Santa Fe cuando se aprobó su estatuto y se designó la primera junta ejecutiva. La estructura de la federación está encabezada por un consejo directivo y una junta ejecutiva que presido actualmente, que a su vez consta de un vicepresidente, secretario y tesorero. Hay que decir que tenemos una estructura de funcionamiento virtual ya desde antes de la pandemia. En abril de 2019, cuando iniciamos esta gestión, una de las propuestas que hicimos fue intentar reducir algunos costos vinculados a la gestión y allí empezamos a trabajar de manera virtual, por lo que dejamos de hacer algunos encuentros o reuniones que significaban desplazamientos. Esa modalidad la adoptamos también al trabajo en las comisiones desde la intención de ahorrar tanto tiempo como dinero.

¿Cuáles son los grandes ejes de trabajo?

Tenemos dos grandes ejes estratégicos: uno es el trabajo que hacemos hacia adentro de la federación y con los ingenieros, y otro es lo que hacemos hacia afuera, de cara a la sociedad. En el frente interno buscamos organizarnos para unificar posiciones y en función de eso tenemos comisiones donde cada entidad tiene uno o dos representantes. En ese aspecto, trabajamos con comisiones de conservación de suelos y ordenamiento territorial, de fitosanitarios, de plagas urbanas, domiciliarias e industriales, de Buenas Prácticas Agropecuarias, de prensa y comunicación y de matriculación y registración de tareas. También tenemos un equipo que se encarga de la parte contable y de la parte legal. 

¿Qué tipo de temas trabajan hacia adentro de la Federación?

Algunos de los ejes que más atención requieren son por ejemplo el de los vacíos normativos, necesidades técnicas puntuales y demandas que los propios colegas en términos de capacitación, formación o acceso a herramientas de difusión. Intentamos, sobre todo, unificar estos ejes que tanto para la Fadia como para los colegas son prioritarios en la gestión diaria de la federación y también hacia el afuera. Hay que tener en cuenta que la mayoría de las veces se discuten las cosas desde realidades provinciales muy distintas, y que los términos de este debate también se modifican según los interlocutores, que pueden ser los consejos o colegios y las asociaciones gremiales. Internamente todo se discute en comisiones, se hace un trabajo muy fuerte con un plantel casi permanente de alrededor de 110 ingenieros agrónomos de diferentes regiones. Esto para nosotros es muy importante, es pensar juntos qué queremos hacer y con quiénes teniendo en cuenta las realidades que plantea cada actor.

¿Cuáles son las estrategias hacia afuera, hacia la sociedad?

En relación al eje de trabajo hacia el afuera tenemos dos grandes prioridades: una es visibilizar el rol del ingeniero agrónomo en la sociedad para que sea clara la importancia de la profesión en materia de inocuidad y calidad de los alimentos, de cuidado de los recursos naturales y de la protección del ambiente y de la salud. Vemos que eso no siempre está claro en relación con nuestra profesión, que ha quedado algo relegada la figura y el rol del profesional en relación a estos temas, y que demasiadas veces se confunde al productor con el ingeniero agrónomo porque tenemos muchos que son las dos cosas.

¿Realzar la profesión es uno de los desafíos pendientes?

Uno de nuestros objetivos es avanzar en la jerarquización del trabajo profesional y en la institucionalización de nuestras tareas en las diferentes actividades profesionales. Aspiramos a que en las leyes y en las normas quede claro para la sociedad el rol jerárquico que el profesional ingeniero agrónomo tiene para determinada actividad, sea en las leyes de conservación de los suelos, en las buenas prácticas agropecuarias, en el manejo de productos fitosanitarios o en el manejo de semillas. En esa gestión intervienen actores muy diversos ya que no sólo depende de la decisión de los ingenieros agrónomos sino del trabajo común con dirigentes políticos y funcionarios que pueden ser o no ingenieros agrónomos. También implica relacionarse con empresas, cámaras, con los productores y sus asociaciones, con cooperativas y también con el resto de la sociedad.

¿Piensa que aún falta trabajar en la imagen social del ingeniero agrónomo? 

La sociedad es un poco el reflejo donde queremos que se entienda el rol del ingeniero agrónomo, es un tema que tenemos que resolver nosotros con una estrategia de información y comunicación porque todos entienden que si se sienten mal hay que ir al médico o que para escriturar un campo hay que ir al escribano, pero lo que la sociedad no sabe es que el productor puede comprar un agroquímico pero no lo puede aplicar sin receta expedida por un ingeniero agrónomo. No se sabe con certeza que el productor solo compra el producto, pero que las aplicaciones son actividades reservadas a los agrónomos. Todavía nos falta explicar más y mejor esas cosas para que la sociedad se sienta tranquila, ya que muchas veces no se asocia que la manzana o la lechuga o el bife que comen han tenido en determinado momento aplicaciones y que, sin la visión profesional de un ingeniero agrónomo, pueden contener residuos. Es necesario que estas actividades se asocien a la figura y al conocimiento de un profesional, y aún falta trabajar en ese punto, no sólo de cara a la sociedad sino también con los funcionarios. Eso me parece que es algo que no pasa en otras actividades.

¿Cuál es la relación con el productor?

Otro de los desafíos que tenemos por delante es trabajar con asociaciones para articular mejor las acciones con el sector productivo. Desde muchos sectores aún se entiende que el asesoramiento profesional es un costo más y nos decimos que todo tiene un costo, pero esto tiene el reaseguro de saber que así se están cumpliendo las normas y los estándares de calidad. Esto es una discusión del día a día con las entidades.

¿Siente que la sociedad está más atenta que nunca a los temas vinculados con la producción de alimentos?

En ambas discusiones, tanto la interna como la externa, hay una nueva exigencia social que es la licencia ambiental: esto está en el terreno como demanda social y es necesario dar respuestas a esto, preparar a los nuevos ingenieros agrónomos que no sólo deben saber sobre los productos que hay que aplicar, sino que tienen que tener en cuenta su volatilidad, las derivas y todos los temas ambientales asociados a una aplicación. Hoy hay nuevas tecnologías como los drones o el big data y todavía tenemos profesionales que no conocen bien eso. Hay nuevas herramientas que permiten un mejor asesoramiento, para eso hay que capacitarse y las nuevas normas también deben contemplar todo esto con eje en la sustentabilidad de los recursos. Hay que ser capaces de adelantarse a los debates sociales y aggiornarse en la profesión.

¿Cuáles han sido algunas de las actividades más recientes? 

En este último tiempo firmamos un convenio con el ministerio de Agricultura de la Nación de cooperación para trabajar en protocolos específicos por ejemplo en las grandes líneas de las Buenas Prácticas Agropecuarias y de conservación de suelos. También con la idea de avanzar en la puesta en marcha de observatorios de suelos como el que ya tiene Santa Fe, así como con la figura de corresponsal agronómico. Estamos trabajando en fitosanitarios en relación a la necesidad de tener normas y acuerdos sobre aplicaciones en los lugares más complejos como los periurbanos o cerca de las escuelas rurales. Finalmente, buscamos avanzar todo lo posible en la jerarquización y la necesidad de matriculación profesional porque en el propio Estado hay colegas que aún no lo están. Buscamos que el ejercicio de la profesión sea legal, como ocurre en otras profesiones.

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