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Langostas, una plaga antigua que volvió a reaparecer en el norte de la provincia

Forzada a mayores migraciones por las alteraciones en su hábitat natural, esos insectos volvieron a la zona con una manga de proporciones gigantes.

La aparición de una manga de langostas de enormes dimensiones en el norte de Santa Fe durante el mes de junio encendió todas las alertas de los expertos y volvió a actualizar el debate sobre las formas de control y prevención de este tipo de plaga, que puede afectar severamente los cultivos.

Damián Cremona, ingeniero agrónomo recibido en la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) y experto en manejo de plagas, detalló que la manga llegó a tener diez kilómetros de ancho por ocho de largo, una especie de nube gigante de insectos con una densidad estimada de 40 millones de langostas por cada diez metros cuadrados.

“Hace unos 50 o 60 años que no había estos registros en la provincia de Santa Fe”, relató el especialista, quien explicó que se trata de una plaga que se alimenta de todo tipo de vegetación, como pastos tiernos o restos de hojas de árboles. “No tienen una preferencia exclusiva, pero si no hay monte nativo comen lo que encuentran, que son los cultivos”, razonó.

Tanto en las tareas de prevención como en las de control de la plaga, el papel de los ingenieros agrónomos es clave: “nuestro trabajo como ingenieros agrónomos nos puede ayudar y nos brinda herramientas para poder hacer una detección temprana de las plagas, prevenir su diseminación y evaluar cuáles pueden ser las mejores alternativas para un manejo integrado en caso de que lleguen al punto de dañar los cultivos”, sintetizó el especialista.

Circulación y control

La manga de langostas que atravesó el norte santafesino ingresó al territorio provincial proveniente de Formosa y Chaco, impulsada por los vientos del este. “Pasó por Villa Guillermina hasta Villa Ana y luego fue hasta Lanteri, donde se asentó y pasó una noche”, explicó el experto, quien agregó que no se produjeron grandes daños en cultivos salvo algo menor en algunos lotes de trigo o avena pero que no superaron las dos hectáreas afectadas.

Un día después de su ingreso al territorio provincial la manga levantó vuelo y el viento del sur la llevó hacia Sombrerito, donde pasó una noche. “No se pudo hacer aplicación aérea por la cercanía con pueblos, pero se hicieron algunas aplicaciones terrestres con máquinas autopropulsadas en unas 100 hectáreas y se pudo reducir un poco la manga”, relató Cremona.

Ya con vientos más del norte los insectos se desplazaron hacia la provincia de Corrientes, pasaron por Esquina y Goya para terminar cerca de Curuzú Cuatiá, donde finalmente se pudo hacer un tratamiento con avioneta que redujo hasta un 60% el tamaño de la manga. “Entre el ministerio de la Producción de Corrientes y el Senasa se decidió hacer esa aplicación aérea ya que las langostas estaban en una zona más alejada de pueblos o escuelas. Hubiera sido ideal hacerlo antes, pero cerca de los pueblos lógicamente no se puede”, expresó Cremona.

Presencia regional

La langosta que ingresó al norte argentino es la llamada “sudamericana” (Schistocerca cancellata), una especie que ingresa desde Bolivia, Paraguay y Brasil, donde vive gran parte del año. Tras algunos episodios que comenzaron a registrarse en el año 2016, la manga de este año llegó a niveles que no se veían desde hacía medio siglo en la región. “Empezamos alrededor de 2016 con estos episodios y en ese momento entró una primera manga, que se fue más para la zona del Chaco y el oeste de Santa Fe”, recordó el especialista.

Cremona explicó que esa migración invernal de las langostas tiene por objetivo el desove, para lo que buscan zonas con clima seco como Mendoza, Santiago del Estero o Catamarca. “Esa etapa reproductiva suele ser a finales del invierno, entre agosto y septiembre, cuando esos insectos buscan lugares más áridos y secos porque que precisan que los sacos que contienen los huevos no tengan mucha humedad ya que existe un hongo que puede matarlos, de allí su migración desde zonas húmedas a otras regiones más secas”.

Los huevos que las langostas logren poner eclosionarán en uno o dos meses y allí el problema que genera esta plaga alcanza toda su dimensión, ya que son las crías las que más voracidad demuestran. “Son mucho más dañinas que los insectos adultos, van saltando y comen todo lo que encuentra a su paso, ese primer estadío de vida es su etapa más agresiva para los cultivos” señaló Cremona, quien explicó que por ese motivo a las langostas “hay que seguirlas y combatirlas a lo largo de cada etapa”.

Prevención y control

“Como ocurre con toda plaga, debemos intentar reducir las invasiones para que no se convierta en un problema económico grave para los productores y para el Estado”, dijo el experto, para quien es clave combatir a las mangas cuando son pequeñas, antes que se reagrupen y se vuelvan ingobernables.

“Las mangas arrancan con poca población, pero a medida que pasan los años van creciendo. Por eso es importante ver que trabajo se hace en los países vecinos de donde son originarias, ya que hay que hacer un combate activo y mantener a esos insectos en niveles no perjudiciales, porque si se las deja seguir se reproducen”, alertó.

Cremona recordó que el año pasado una manga pasó por la zona llamada “Las tres fronteras” pero se logró reducirla rápidamente, algo que hasta ahora no se ha logrado del todo con el episodio de este año. 

La pérdida de hábitat natural, un problema

El ingeniero agrónomo destacó que algo similar ocurre en la zona del Chaco con la tucura quebrachera, una plaga que antes estaba acotada a la zona de monte nativo pero que, por el avance de la deforestación y la destrucción de su hábitat natural, fue avanzado hacia otros territorios. “Era una plaga de los montes que no salía de ahí porque el propio sistema la mantenía bajo control. Con el aumento de la deforestación para la agricultura y la ganadería la tucura ya no tiene dónde comer y se ve obligada a desplazarse. Antes el ambiente la controlaba de forma natural, pero ahora se ven más en otros lugares también”.

Con la langosta, según Cremona, pasa algo parecido: la alta tasa de deforestación del centro y sur de Brasil y la quema de amplias zonas de monte y selva nativa las “expulsan” de su hábitat natural y las presiona para hacer migraciones más extensas en tiempo y lugar. “A veces no medimos las consecuencias a largo plazo que tienen algunas de nuestras acciones, pero siempre que el ser humano interviene sobre la naturaleza, ésta reacciona de alguna manera”, razonó el experto.

Un problema a futuro

El ingeniero agrónomo señaló que la presencia este año de una plaga de dimensiones tan grandes como la que circuló por el noreste santafesino plantea un problema para el futuro mediato, ya que al menos “por un par de años” será necesario monitorearla y combatirla. “Los próximos años tendremos este tipo de plaga porque no es algo que se termina de un día para el otro, hay que reducirla de a poco intentando hacer el menor daño posible al ecosistema, es todo un debate que hay que dar desde lo social también”, consideró. 

Red de Senasa

El Servicio Nacional de Sanidad Animal (Senasa) tiene una red de monitoreo oficial que permite la identificación temprana de focos en estadios juveniles y el control en el momento oportuno, con el objetivo de disminuir su reproducción, evitar la dispersión, lograr una merma del nivel poblacional y mantener a la población de insectos en su hábitat natural.

Para eso el Senasa tiene un programa nacional, que define la estrategia y los lineamientos para el manejo de langostas y tucuras, lo que antes se llamaba el programa nacional de acridios. De hecho, la langosta es la plaga que dio inicio a las acciones oficiales en materia de protección vegetal en Argentina y cuenta con registros de daños desde 1538, cuando arrasaron cultivos de mandioca en la provincia de Buenos Aires.

El actual programa nacional de langostas y tucuras es el programa más antiguo del país con 128 años de vigencia, ya que su origen data de 1891 cuando se creó la Comisión Nacional de Extinción de la Langosta (CNEL).

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